Oloroso Lorente & Barba

32,70

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Variedades 100% Palomino Fino
Calificación
¿Por qué este vino?

Parecerá un tópico, pero Mauricio Lorente es el amigo de un amigo de una amiga…y hace ya un par de años que nos hablaron de él y de su vino. Después, por circunstancias de la vida, nos pusimos en contacto y pudimos atar cabos.

Como consecuencia de ello, Mauricio nos trajo unas muestras de los vinos a la tienda y..nos enemoramos profundamente de los vinos y del proyecto.

Este Oloroso muy viejo no es ni mejor, ni peor que otros de su misma categoría, lo que si es segurísimo es que diferente a ningún otro oloroso que hayamos probado.

Nota de cata Cómo nos entra por los ojos:
Vino de color caoba oscura.

Qué olemos:
Aroma muy potente en el que predomina el olor a torrefactos, maderas nobles y frutos secos, como la nuez o la almendra.

A qué sabe:
En boca es un vino sabroso, muy estructurado, con mucho cuerpo y suave al paladar.
Bodega Lorente & Barba
Mauricio Lorente y Julio Barba son dos apasionados del vino de Jerez que continúan sendas tradiciones familiares unidas al sector de la producción de vinos durante varias generaciones. De hecho, el germen de esta bodega fueron las soleras familiares de la familia Lorente; el tatarabuelo de Mauricio Lorente era un tratante de vino que tenía una pequeña bodega-almacén, que luego guardó celosamente su hijo, que era capataz de una bodega a finales del siglo XIX. Estos vinos pasaron a su hijo Onofre, abuelo del actual propietario, que era farmacéutico y estaba especializado en análisis clínicos, y enológicos. Éste adquirió las bodegas Lukol, con las que comercializó vinos de Jerez y otros derivados que alcanzaron cierta fama, como al Jerez Quinado “La enfermera” o un Jerez con Yohimbina, que se vendía como afrodisíaco. Aunque vendió la bodega y las marcas comerciales, guardó las mejores soleras; aquellas con las que tenía un vínculo familiar, que pasaron al padre de Mauricio Lorente, Onofre que, continuando las vocaciones de su predecesor, fue también farmacéutico, analista y bodeguero, con una bodega en la calle Las Cabezas, (muy cerca de la actual Lorente y Barba) que funcionó desde la década de los 70 como almacenista.

Tanto el padre como el abuelo de Mauricio Lorente, en tiempos en los que no había enólogos combinaron sus amplios conocimientos químicos-analíticos con la tradición familiar para conservar este tesoro familiar.

Con estas soleras, Julio Barba y Mauricio Lorente idearon la actual “Lorente y Barba”. No aspira esta bodega a tener una gran producción, sino a conservar una tradición de vinos elaborados y cuidados con mimo, ofreciendo productos que sean un digno homenaje a los que guardaron y criaron antes que ellos estas verdaderas “joyas enológicas”.

Bodega Lorente&Barba

Aunque nuestra empresa es joven, el edificio de la bodega tiene más de 500 años. Está construido con anchísimos muros de piedra y ladrillo, con columnas de una sola piedra talladas a mano y situado en la zona intramuros que albergó las primeras bodegas conocidas de ésta ciudad. Está aproximadamente metro y medio por debajo del nivel de la calle, dado que la calle ha ido subiendo de nivel con las sucesivas intervenciones y la bodega no se ha tocado. Esto se ve especialmente bien en las piedras del muro de la calle Balderramas, en el que se perciben arcos (que en su día debieron ser el acceso al edificio) que están muy por debajo del nivel actual de la calle.

Como otras antiguas bodegas, tiene una segunda planta, en la que antaño se almacenaba paja y grano; antes de las grandes construcciones bodegueras de altísimos techos (las bodegas-catedral típicas de la edad de oro del Jerez) lo idóneo era contar con un piso superior que servía para almacenaje y aislaba de los picos de calor que en esta zona caracterizan las tardes de verano.

Otra característica a destacar en la idoneidad de este edificio para la crianza de vinos de Jerez es que está construido sobre un pozo del periodo árabe, que en su día tuvo una noria, y que tiene cierta trascendencia en la historia de la ciudad; dicen en el barrio que este pozo no se seca ni en los periodos de más pertinaz sequía; precisamente por su abundancia de agua, se construyó en la nave contigua el primer parque de Bomberos de la ciudad, tomando el agua del mismo para las bocas de riego y extinción de incendios de todas las bodegas de alrededor.

Esa histórica abundancia de agua hizo que este pozo se recogiese específicamente ya en el libro de reparto de Jerez, de Alfonso Décimo el Sabio (año 1261) que se conserva en el archivo municipal. En una torre de la muralla de Jerez, en la conocida como “Puerta de Rota, que está al lado de la bodega (Imágenes siguientes) hay una placa en la que se recoge el fragmento de dicho libro de reparto en el que se especifica lo que correspondió a D. Beltrán Riquelme, haciendo referencia específica al pozo.

Más allá de estas curiosidades, el conjunto de características mencionadas hacen que esta bodega sea idónea para la crianza de vinos de Jerez; no en vano es el casco de bodega más antiguo que aún sigue funcionando como tal.

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Sobre el vino

Cada bota se cuida hasta que el vino está en su mejor momento para ser embotellado. Se hace una saca de un tercio de una única bota (single barrel) del que obtienen un máximo de 225 botellas y en la etiqueta de cada botella se indica la bota de procedencia y la saca.Y es que aunque los cuidados sean los mismos, todas las botas son diferentes.Después cada saca, elijen un vino que permita mantener la esencia de esa bota año tras año. Esta evolución de la crianza por soleras y criaderas, es el que se ha seguido siempre para mantener los vinos de sacristía, que eran botas singulares seleccionadas y reservadas aparte (en un rincón de la bodega conocido como sacristía) para los propietarios de las bodegas.

Maridángel Es el vino más apropiado para las carnes rojas, la caza y los guisos de carne.